Mi Primer Viaje en Solitario: TÚNEZ
- Julia Alvarez Garcia

- 2 feb 2024
- 4 min de lectura
Una serie de catastóficas desdichas
Después de meses viajando, aplazando escribir, reorganizando mi habitación y debatiéndome sobre mi próximo destino… finalmente decidí hablar de mi primera experiencia viajando en solitario.
Y no elegí otro continente que África.
Una decisión totalmente influenciada por los comentarios y preguntas de siempre:
"No vayas sola a África, es demasiado peligroso."
"¿Es seguro que una mujer viaje sola a Túnez ?"
"¿Por qué ir de mochilero aTúnez?"
En resumen, tenía que ir.
Elegí Túnez como mi primer viaje en solitario porque estaba justo al lado de Sicilia, donde había pasado un mes en un voluntariado con Worldpackers. Desde allí, pensé en seguir rumbo a Argelia y Marruecos, pero pronto me topé con el primer obstáculo: necesitaba un visado para entrar en Argelia. Así que lo quité de la ruta.
Más tarde descubriría que, en algunos países, el visado se puede obtener al llegar. Pero en aquel momento, simplemente tuve que adaptar mi plan sobre la marcha, algo que aprendería a hacer una y otra vez en mis viajes.
Estaba decidida a llegar a mi destino: Túnez, en barco, un martes cualquiera desde el puerto de Sicilia.
Spoiler: Siempre, siempre lee la letra pequeña de cualquier documento.
Llegué al puerto.
¿Por qué no había barcos, ni luces, ni un alma en el muelle? Me pregunté.
Encontré a un guardia de seguridad y le expliqué que mi barco zarpaba en dos horas.
Lo siguiente que escuché fue:
"El embarque está cerrado. Es demasiado tarde."
¿Demasiado tarde? ¡Pero si había llegado con dos horas de antelación!
Me quedé sin transporte. Sin otra opción, regresé al hostal donde había trabajado durante un mes y descansé mientras decidía mis próximos pasos.
Lección número (he perdido la cuenta): llega al puerto al menos cuatro horas antes de zarpar.
Entre bromas, risas y alguna que otra lágrima, compré un billete de avión para dos días después. El problema es que solo podría estar unas horas en Túnez antes de volar a Marruecos a la mañana siguiente y no perder mi siguiente vuelo.
El momento en el que puse pie en el aeropuerto tunecino, empecé a cuestionar todas mis decisiones. Los nervios me invadieron, y hasta el agente de control de pasaportes, entre risas, me preguntó qué hacía allí. Nadie hablaba inglés ni español, y para colmo, el taxista me timó.
Dato útil: Siempre puedes intentar convencer al taxista de que no te cobre más de 10 dinares. Pero créeme, es imposible. Ah, y solo aceptan efectivo.
Quizás fu eporque sabía que me había timado que el taxista hizo todo lo posible por llevarme hasta la puerta del hostal, que estaba dentro de la medina. Cada persona que pasábamos nos hacía señales y hasta nos bloquearon el coche para avisarnos de que no podíamos circular por ahí.
El conductor empezó a gritar en árabe y para mi cerebro que definitivamente no entendia el idioma, todo lo que salía por su boca sonaba bastante parecido a amenazas de muerte.
Cuando por fin llegué al hostal, me derrumbé. No por todo lo que había pasado antes, sino porque había gastado mis ahorros y toda mi dopamina en algo que no estaba disfrutando.
Después de un rato, reuní fuerzas y decidí seguir el plan que había preparado: visitar Sidi Bou Said y Cartago.
Pero, una vez más, el plan cambió. No ocurrió.
Dato importante: El transporte público en Túnez es poco fiable, y lo recomendable es tomar un taxi… con el alto riesgo de que te timen.
No tenía internet. Solo podía contar con el GPS de Google Maps, que, por cierto, siempre funciona, incluso sin conexión.
Truco de viaje: Si inicias la ruta en Google Maps mientras tienes WiFi en el hostal, el GPS te seguirá guiando hasta tu destino aunque no tengas datos.
Por desgracia, aprendí esto varios días después de estar en Túnez.
Decidí salir de la pequeña cama en la que me había acurrucado y explorar.
Estaba decidida a llegar a la avenida Habib Bourguiba, la calle principal. Sabía que para ello debía atravesar la medina. Lo que debería haber sido un paseo de 5 minutos se convirtió en un infierno de 45´.
Me perdía una y otra vez, mientras el eco de la llamada a la oración resonaba entre las estrechas, calles pasando por los mismos puestos de artesanía al menos tres veces.
Tras preguntar varias veces por direcciones, finalmente llegué a mi destino.

Sicilia había sido solo el calentamiento para Túnez.
Ya estaba acostumbrada a caminar entre basura, pero el centro de Túnez era otro nivel.
Era desalentador ver edificios al borde del colapso, animales callejeros famélicos por todas partes, mendigos agresivos y una cantidad abrumadora de contaminación.
Un detalle a tener en cuenta: las "normas de tráfico". Básicamente, no existen. O te lanzas a la carretera, o te puedes quedar esperando media hora en un semáforo imaginario.
Una parte de mí estaba dominada por el miedo, por el peligro del que todos me habían advertido. Por eso, ni siquiera me planteé salir de noche.
En el hostal conocí a mi compañera de habitación tunecina y a dos chicos, uno portugués y otro israelí.
Al final, ignoré todos mis miedos y salí con todos ellos…
Al final, dejé el miedo de lado y salí con aquel grupo de desconocidos que acababa de conocer.
Terminamos en un concierto callejero, divagando durante media hora para decidir dónde cenar y otra media hora para volver, esquivando la medina a toda costa, siguiendo la advertencia de nuestra compañera tunecina.
¿Te has dado cuenta de lo importante que es seguir adelante?
Al principio, no encontraba sentido a este pequeño viaje, una locura para muchos adultos, pero algo tan natural para alguien con espíritu viajero.
Una vez más, confirmé lo que ya intuía: quedarse en la capital de un país difícilmente ofrece la misma satisfacción que perderse en una ciudad a 300 kilómetros de las rutas turísticas.
Túnez, sé que nos volveremos a ver pero esta vez, mi destino será Djerba.


Comentarios