Burnout del Viajero
- Julia Alvarez Garcia

- 1 ene 2025
- 3 min de lectura
Abre los ojos, estás en tu destino ideal, rodeado de unas vistas de revista y con la única preocupación de dónde y cuándo será tu próximo destino.
“No puedo más” te dices a ti mismo, no tengo ganas
Todo el mundo relaciona viajar con aspectos positivos, felicidad y dinero, pero eso no es todo. Viajar es una constante sobreestimulación y puede derivar en el llamado burnout del viajero o agotamiento . A mí me pasó, y es uno de los obstáculos más frecuentes que se presentan en viajes de larga duración y a su vez, uno de los menos hablados.
Viajar como backpacker por Europa me daba la posibilidad de volver a España cada vez que necesitase algo, ya fuese un cambio de equipaje o simplemente tener una semana de descanso donde pudiese desconectar y establecer mis nuevas metas.
Europa fue el inicio que daría fruto a la dosis exacta de confianza que necesitaba para decir por qué no? y comprar ese billete tan ansiado a Puerto Rico. Habían pasado ya varios meses desde el comienzo de mi año sabático y me sentía mentalmente agotada, pero no podía detenerme. Tenía que conocer, experimentar, sentir y disfrutar de aquello que mi hogar, mi ciudad natal, no me concediese
Intenté encontrar el punto intermedio donde pudiese pasar tiempo a solas para poder dejarme llevar y procesar todas mis emociones, pero no lo conseguí.
Pensé que quizá la respuesta estaba en ir a la República Dominicana, donde la idea de un “luna de miel solitaria” me prometía ese respiro que tanto necesitaba. Sin embargo, la vida tenía otros planes para mí. En lugar de la calma acabé haciendo parapente y estuve apunto de quedarme perdida en una isla desierta. No me malinterpretéis, suena increíble, pero una vez más, no pude procesar esa tan deseada sensación de éxito que te hace sentir alcanzar tus sueños. Seguía sin encontrarla.
Estaba mental y físicamente agotada, pero tenía que seguir adelante. Me sentía atrapada en una visión de túnel que solo era capaz de mostrarme cual era el siguiente país debía visitar a continuación.
Lo que me olvidaba de recordar era algo tan sencillo: no me estaba dando permiso para parar, para disfrutar de esas experiencias transformadoras que la vida me ofrecía en ese instante.
Necesitaba parar y mirar atrás, decidir si estaba haciendo lo que quería, cómo lo quería, o si estaba haciendo lo que se suponía que debía hacerme feliz.
Hoy, tras unos meses, por fin sé dónde estoy.
Durante mi estancia en Guatemala, entre mis descansos como camarera y mis ratos de socialización con los huéspedes del hotel, me di cuenta de lo mucho que necesitaba simplemente tumbarme y no hacer nada más. A pesar de que mi alma exploradora me pedía a gritos subirme a un autobús y viajar a algún lugar remoto.
Uno de los síntomas que empiezas a experimentar tras pasar un tiempo en un entorno más limitado es la fatiga constante y la falta de motivación. Esto es el resultado de esa pausa que tu cuerpo realmente estaba pidiendo después de la estimulación continua que los viajes a largo plazo te provocan, aunque a menudo no seas del todo consciente de ello.
Sí, está bien no hacer nada. Está bien estar en un país completamente nuevo y no sentir la necesidad de explorar. La curiosidad volverá, pero por ahora, descansa, permite que tus emociones fluyan y procésalas.



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