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SUECIA

  • Foto del escritor: Julia Alvarez Garcia
    Julia Alvarez Garcia
  • 2 jul 2023
  • 3 min de lectura

Un estilo de vida algo distinto


Un viaje hacia el autoconocimiento


Viajar siempre fue una de esas actividades que daba por sentadas, sin ponerle restricciones ni límites. La idea de partir a cualquier destino parecía una extensión natural de mi libertad.


Sin embargo, cuando comencé a hacer voluntariado mientras era pareja de alguien, me encontré con un desafío emocional que jamás imaginé. Nunca creí que tendría que enfrentarme a una decisión tan complicada: viajar, a donde yo quisiera, o quedarme con esa persona.


Esas fueron algunas de las preguntas que recorrian mi mente mientras pasábamos un mes en una habitación de hotel.


Un mes en Suecia


El tiempo que pasamos en Suecia fue más un viaje hacia el autodescubrimiento que una aventura en el norte. Lo que más me sorprendió fue la cantidad de cosas que uno descubre sobre sí mismo y la vida cuando pasas horas leyendo, trabajando, haciendo ejercicio o viendo series en un mismo lugar, sin la posibilidad de ir muy lejos.


El simple hecho de establecer una rutina diaria te brinda la oportunidad de comprender cómo funciona tu mente en distintas situaciones, sin necesidad de forzarla.


No voy a mentir:fui un torbellino de emociones.ubo momentos de lucha, de dudas, de altibajos. Pero valió la pena por todo lo que aprendí sobre mí mismo.


Una de las primeras lecciones que aprendimos en estos intercambios laborales fue cómo algunos adultos viven con una visión de túnel en la que, al final del camino, solo son capaces de ver su propia certeza: “Yo tengo razón, tú estás equivocado”.


Aunque siempre he creído en la importancia de defenderse, también es cierto que esa actitud puede llevarnos a adoptar una postura perpetuamente defensiva, lo que, con frecuencia, desemboca en malentendidos.


Sobreviviendo en Simrisham




Bastaron unos segundos tras llegar a Suecia para sentirnos abrumados por la quietud del lugar, por la sensación de que no había mucho que hacer. Pero pronto comprendimos que, más que un vacío, aquello era una invitación: el momento perfecto para aprender a exprimir cada rincón, para descubrir el ritmo oculto de aquel paisaje silencioso.


Estábamos en Simrishamn, un pequeño pueblo costero donde la única opción de entretenimiento era la biblioteca.

Pronto nos sumergimos en una rutina sencilla: despertarnos temprano —cortesía de Gustaf, nuestro jefe—, tomar un café a medio abrir los ojos, trabajar unas horas y, después, disfrutar de nuestro tiempo a solas. Un ritmo pausado, casi monótono, que nos obligó a mirar el mundo con otra perspectiva.

Las bicicletas eran nuestro único medio de transporte, aparte del tren, al que evitábamos subir después de haber estado a punto de ser multados.Con ellas recorríamos la costa de un extremo a otro, pedaleando al ritmo de ABBA y comiendo lo que pudiéramos conseguir para el desayuno, la única comida incluida en nuestra estancia.


Aquella rutina, tan simple como implacable, nos enseñó que viajar no siempre es ir en busca de lo extraordinario, sino aprender a encontrarlo en lo cotidiano.


De todos los lugares que visitamos en Suecia, aquí van mis recomendaciones:


🔹 Malmö: Un paseo por la ciudad no está completo sin una visita a Ikea. Y sí, las albóndigas suecas merecen un diez de diez.

🔹 Parque Nacional de Stenshuvud: Un sendero que prometía tranquilidad, hasta que una manada de carneros nos bloqueó el paso, obligándonos a dar la vuelta. Aun así, el esfuerzo valió la pena: una playa de arena blanca, aguas en calma y hasta algunas palmeras. Una versión caribeña de Suecia.

🔹 La costa sur y sus pueblos: Mi favorito, Skillinge. Apenas veinte minutos a pie bastan para cruzarlo, pero el trayecto hasta allí, entre bosques y vacas sueltas, es una invitación a desconectar del mundo. Un lugar donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.



 
 
 

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